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Por Juan Martín Garay (*)

El domingo pasado, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, “La Libertad Avanza” obtuvo un resultado favorable en las elecciones legislativas locales, ganó por poco margen pero ganó, destronando al PRO, ubicándolo tercero. Manuel Adorni, vocero presidencial y primer candidato a legislador porteño, celebró públicamente ese triunfo en presencia del propio presidente Javier Milei.

No sólo agradeció el respaldo electoral, sino que en su discurso apeló a una vieja teoría filosófica para hablar del futuro. Usó una expresión cargada de historia y peso simbólico: tabula rasa. No se trató de una frase casual. En política, nada lo es. Mucho menos cuando proviene de quien, como Adorni, representa una concepción muy definida de cómo debe entenderse el rol del Estado, el sentido de la política y el vínculo entre las personas.

 

Tabula Rasa

El término tabula rasa nos remite al siglo XVII, al empirismo inglés, y específicamente a la teoría de John Locke, uno de los pensadores que más influyó en la modernidad política. Locke creía que no existen ideas innatas, que todo conocimiento humano se forma a partir de la experiencia. El ser humano es, al nacer, una hoja en blanco -una “tabla rasa”- que la realidad y el entorno van escribiendo. El tiempo, el modo y el lugar de venir al mundo no son meros detalles biográficos, sino condicionantes fundamentales de nuestro desarrollo. La vida, la cultura, la historia y la comunidad son las que nos van formando.

Adorni, entonces, no sólo reivindicó una victoria electoral -válida, aunque sostenida en un bajo nivel de participación-, sino que propuso simbólicamente una hoja en blanco para la Argentina. ¿Pero puede un país empezar de cero? ¿Se puede gobernar sin historia, sin memoria, sin trayectorias comunes? Pero ¿cómo se usa hoy esa expresión? ¿Puede construirse un destino común sin memoria ni experiencia? ¿Qué quiere decirnos Adorni cuando, en pleno festejo político, la invoca? ¿Estamos ante un llamado a la reconstrucción colectiva, o ante una propuesta de borrón y cuenta nueva donde nada de lo anterior importa? Muchas preguntas y no tantas respuestas.

 

Contexto

En un contexto de creciente desafección democrática, donde la participación política disminuye y la confianza en las instituciones está herida, con una crisis de representatividad política que sigue sin resolverse, hablar de tabula rasa puede sonar tentador. Pero también riesgoso. Porque no hay país sin memoria. No hay sociedad sin historia compartida. No hay comunidad sin vínculos. Y esos vínculos se construyen -y reconstruyen- en base a la experiencia, no desde un vacío.

Si aplicamos este concepto a la actualidad, vemos que muchos de los problemas que nos atraviesan no pueden pensarse sin contexto. No es lo mismo nacer en el margen que en el centro, no es lo mismo la periferia de la vida que el corazón del núcleo. No es lo mismo crecer con derechos que sin ellos. No es lo mismo vivir con certezas mínimas que hacerlo bajo el imperio del miedo, la fragmentación social o el aislamiento. No es lo mismo estar dentro que ser excluido, sencillamente no lo es.

 

Amnesia

Existe una especie de “amnesia social”. Porque en este presente tan condicionado por la velocidad de los estímulos, los algoritmos, la polarización y el cinismo, pareciera que la historia ya no pesa. Que los aprendizajes colectivos se diluyen. Que todo empieza de nuevo. Y en ese empezar de nuevo, el poder construye sus propios relatos. Ya sea para alcanzarlo, para consolidarlo o para no perderlo. Lo que es peor, para que otros no lo tengan.

Cuando se niega el pasado, cuando se desprecia el saber acumulado por la experiencia colectiva, cuando se sustituyen derechos por slogans, la tabula rasa deja de ser un punto de partida para convertirse en una herramienta de control. Se vacía el debate público, se empobrece la palabra, se alimenta la desinformación. No estamos frente a una hoja en blanco, sino frente a una hoja arrugada, con marcas, con tachaduras, con cicatrices. Y esa hoja es nuestra historia. Es nuestra gente. Son nuestros barrios, nuestras luchas, nuestras conquistas.

 

Lo que queda

Si de algo debe servir el triunfo de Adorni -de La Libertad Avanza-, es para reflexionar sobre el rumbo político que se nos propone. Y sobre el que podemos y debemos construir desde otro lugar. Desde la experiencia, desde el vínculo, desde la reconstrucción del lazo social roto por años de crisis, pero también por discursos que promueven el individualismo extremo, la deshumanización del otro y el desprecio por lo colectivo.

Porque no hay sociedad sin memoria. Y no hay futuro sin pasado. Las heridas sociales no se borran con una frase; las desigualdades estructurales no desaparecen por arte de magia. La realidad no empieza cada día desde cero. La experiencia de nuestro pueblo -con sus dolores, sus aprendizajes y sus luchas- es el fundamento de toda política que aspire a ser justa.

Reescribir el presente no es negar lo que fuimos, sino integrar lo que aprendimos. No se trata de borrar la hoja, sino de saber leerla. En tiempos de creciente uso de la desinformación como estrategia de poder, cuando se intenta instalar que todo lo anterior fue un fracaso absoluto, conviene preguntarse si esa hoja en blanco no es también una pantalla sobre la que se proyecta un país sin derechos.

 

¿Una oportunidad?

La tabula rasa puede ser una gran oportunidad, si entendemos que el conocimiento y los vínculos sociales se construyen. Pero también puede ser un enorme peligro, si se transforma en excusa para destruir la memoria colectiva.

Hoy más que nunca, necesitamos una tabula que no borre, sino que registre. Que no niegue, sino que comprenda. Que no imponga, sino que escuche. Porque construir una Nación es una tarea de todos y para todos, no es eliminar la historia para empezar de nuevo, sino reconocer esa historia para hacerla futuro.

Por eso, si algo debe dejarnos este resultado y su mensaje político, es que no es sólo una lectura electoral, una foto del momento con un alto comportamiento emotivo expresado en urnas. Es la necesidad de no resignarnos a la fragmentación, de salir del laberinto de la desconfianza y el miedo, de volver a pensar un destino común que no borre la historia, sino que la reconozca para poder transformarla.

Porque la Patria es un Don y la Nación una tarea. Porque en definitiva, la única protagonista histórica de este momento es la gente y quien realmente empuja los cambios históricos. La gente ha demostrado a lo largo del tiempo que no se limita a ser objeto de la historia, sino que es el sujeto activo que la crea. Por eso, no lo olvidemos, lo nuestro es la gente.

 

(*) Juan M. Garay  Abogado. Concejal 2023-2027. Vicepresidente 1° HCD. Presidente del Bloque Concejales PJ 2023-2027. Apoderado del Consejo Departamental PJ Uruguay. Secretario de Gobierno 2019-2023. Concejal 2015-2019. Presidente del Bloque Concejales PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

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Por Juan Martín Garay (*)

La Constitución de Entre Ríos, reformada en 2008, establece en su artículo 53 que el Poder Legislativo en nuestra Provincia está compuesto por dos cámaras: la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores.

En un artículo de opinión titulado “A favor del unicameralismo”, firmado por el Ministro de Gobierno y Trabajo de Entre Ríos, Manuel Troncoso, éste propone una reforma institucional significativa: la transición del sistema legislativo bicameral actual a uno unicameral en la provincia. El Ministro argumenta que esta modificación podría “mejorar la eficiencia, reducir costos y aumentar la transparencia en el proceso legislativo”. Pero la implementación de un sistema unicameral requiere primeramente de una nueva Reforma Constitucional.

 

Consideraciones

Entre Ríos es una provincia con una población distribuida en 17 departamentos, cada uno con características socioeconómicas y culturales distintas. El sistema bicameral actual permite una representación territorial (Senado) y una representación proporcional (Diputados), lo que garantiza que tanto las mayorías como las minorías tengan voz en el proceso legislativo.

La adopción de un sistema unicameral podría simplificar el proceso legislativo, sí, pero también plantea desafíos en términos de representación equitativa de las diversas regiones y departamentos de la provincia. Por eso, si lo que se pretende es una reforma en relación a esto, es esencial considerar mecanismos que aseguren la representación de todas las áreas geográficas y sectores sociales en un nuevo sistema legislativo.

 

Para avanzar…

Para poder plasmar la idea de ir hacia el unicameralismo es necesario una Convención Constituyente. No hay otra opción ni camino. Para que eso ocurra se necesita de una convocatoria a reformar la Constitución de la Provincia siguiendo el procedimiento establecido en la Sección X de la propia Constitución. Cualquier modificación que se pretenda de este tipo debe ser precedida por una declaración de necesidad de reforma y también la convocatoria a una Convención Constituyente. Es decir, se necesita de una Ley a tal efecto que lo declare legal y formalmente. Luego, algo no menor, llamar a elecciones y conformar un cronograma electoral (que puede coincidir o no con el de las elecciones nacionales legislativas de este año) para elegir a convencionales constituyentes, paso necesario para conformar la Convención y avanzar en consecuencia. Nada simple.

 

Necesidades

Si se avanza hacia un nuevo sistema de representación equitativo bajo un esquema unicameral, en el diseño de una “arquitectura política”, se deberían poder establecer mecanismos que aseguren la representación real de todas las regiones y sectores sociales.

La interpelación ciudadana es esencial para fomentar la participación de la sociedad civil en el proceso de reforma. Esto ayudaría a garantizar que el nuevo sistema que se pretende, refleje las necesidades y aspiraciones de la población.

También hay que tener en cuenta la evaluación de experiencias comparadas. Vale decir, analizar los resultados prácticos de otras provincias que han adoptado el unicameralismo. Esto puede proporcionar valiosas lecciones y evitar posibles errores. Pero todo está en discusión y mucho está por verse.

 

Argumentos a favor y en contra del unicameralismo

Como toda cuestión disruptiva, de discusión política e institucional, hay argumentos a favor y en contra. En los a favor, encontramos:

Eficiencia legislativa: Un sistema unicameral podría acelerar el proceso de aprobación de leyes al eliminar la necesidad de conciliación entre dos cámaras.

Reducción de costos: La eliminación de una cámara legislativa reduciría los gastos operativos del Poder Legislativo.

Mayor transparencia: Un único cuerpo legislativo facilitaría el seguimiento y la rendición de cuentas por parte de la ciudadanía.

En los en contra:

Riesgo de concentración de poder: La ausencia de una segunda cámara podría reducir los mecanismos de control y equilibrio en el proceso legislativo.

Pérdida de representación territorial: Las regiones menos pobladas podrían ver disminuida su influencia en un sistema unicameral.

Menor deliberación: La existencia de dos cámaras permite una revisión más exhaustiva de las leyes propuestas.

 

Propuesta

La modernización de nuestras instituciones es una necesidad de este tiempo para responder eficazmente a las demandas de la ciudadanía. La discusión sobre una posible implementación de un sistema legislativo unicameral en Entre Ríos representa por cierto una oportunidad para optimizar el proceso legislativo, probablemente para reducir costos (reales) y también aumentar la transparencia (siempre necesaria). Eso está claro.

La experiencia de otras provincias que han adoptado el unicameralismo demuestra que es posible mantener una representación adecuada y un proceso legislativo eficiente. Por lo tanto, la transición hacia un sistema legislativo unicameral en Entre Ríos es una propuesta que merece una consideración cuidadosa y un debate amplio. Si se implementa adecuadamente, podría contribuir a una gobernanza más eficiente y representativa en la provincia.

Ante esta iniciativa, obviamente existirán “pícaras” opiniones a favor o en contra de quienes tienen viejos recorridos o jóvenes largas trayectorias políticas. Lo cierto es que no se sabe si esta idea viene a resolver los problemas políticos de la política, entendida como la práctica que se realiza en función social, o a pretender resolver los problemas políticos de los políticos. Toda una intriga por ahora para un tema demasiado serio e importante, máxime estando de por medio la posibilidad de una reforma constitucional.

 

Gobierno de la gente

Este impulso, si se aprovecha la oportunidad con profesionalismo y seriedad, debería servir para fortalecer el sano ejercicio democrático. Porque lo que da legitimidad de origen es el voto, pero la legitimidad de ejercicio ya depende del elegido o elegida y su desempeño en el cargo.

Aún en este año electoral, lo que importa (o debe importar) es la gente, no perdamos el eje. El autor principal, el sujeto histórico es y debe ser la gente, no una clase, fracción, grupo o élite. No necesitamos una buena idea de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo de transparencia ciudadana.

A esta iniciativa, si realmente se la quiere llevar adelante, habrá que asumirla como una verdadera política de Estado en sí misma. Dialogar mucho y lo suficiente para que se permita construir un amplio consenso que involucre a la ciudadanía “de a pie”, al mundo académico, a las organizaciones de la sociedad civil y por supuesto a los partidos políticos; porque sólo así se podrá obtener el verdadero consenso social y político que se necesita para ir por una nueva reforma de la Constitución Provincial. Lo importante es recordar que más allá de todo está la gente. Lo único que debe importarnos, porque lo nuestro es la gente. No lo olvidemos.

 

(*) Juan M. Garay – Abogado. Concejal 2023-2027. Vicepresidente 1° HCD. Presidente del Bloque Concejales PJ 2023-2027. Apoderado del Consejo Departamental PJ Uruguay. Secretario de Gobierno 2019-2023. Concejal 2015-2019. Presidente del Bloque Concejales PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

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Por Juan Martín Garay (*)

Los argentinos padecemos una crisis ética. El psicólogo Hugo Polcan la entiende como un problema con raíces estructurales que tienen mucho que ver más con la cultura que con la propia realidad. Para él, “Argentina aparece como un país con un enorme potencial de recursos naturales y humanos, pero con vastos sectores de su población sufriendo la incongruente injusticia del hambre, la desocupación y la marginación social”.

Debemos entender a la ética como algo de índole meramente personal, interno y de conciencia propia (el yo). Por eso, problemas como la corrupción en el ámbito público y privado generan daños muchas veces irreparables, que tienen que ver no con el delito de cohecho en sí, sino con el mensaje que ese accionar transmite a la sociedad en su conjunto. Es necesario combatir constantemente en todas sus manifestaciones este tipo de acciones, porque los que sufren con sus consecuencias son siempre aquellas personas que quedan en medio de toda esa realidad. Me refiero al ciudadano de a pie, a la gente.

 

Desarrollo

En nuestro país existe una gran deuda social que se viene incrementando gestión tras gestión. Como saldo, hay quienes están cada vez más fuera del sistema y necesitan ayuda, me refiero a los excluidos. Ante eso, Juan Pablo II dijo algo que debe interpelarnos fuertemente siempre a quienes tenemos responsabilidades políticas: “la privación de lo necesario para vivir humilla al hombre; es un drama ante el cuál la conciencia de quién tiene la posibilidad de intervenir no puede permanecer indiferente”.

Por eso hablar de inclusión con desarrollo humano es la clave para mejorar las relaciones sociales, incorporando a las masas marginales pero también sosteniendo fundamentalmente a la clase media Argentina. La educación se sigue presentando como quizás la única oportunidad de liberación del ser humano, nuestro futuro como Nación dependerá de la forma en que resolvamos la inserción en el mundo del conocimiento de todos los argentinos, sin excluidos ni marginados de ningún tipo.

Para ello, además de salir al cruce del accidente del nacimiento (vale decir, nadie elige donde nacer cuando viene al mundo), hay que apostar al conocimiento en este Siglo XXI en el marco de la Sociedad del Conocimiento, siendo no sólo transmisores sino generadores del mismo para incorporarlo como el gran valor agregado que permita el desequilibrio positivo de la balanza comercial (y la social).

Por más cíclico que sea el comportamiento económico del país, debemos sostener un crecimiento técnico, económico y cultural lo suficientemente razonable, de manera tal que el futuro (que es presente) no sea siempre preocupante, sino por el contrario prometedor y con esperanza para todos. Aún existe la posibilidad de que se generen las transformaciones de fondo que nos harán, en algún momento, ser un país creíble y eficaz, donde las voluntades individuales vayan por un carril distinto al proceso colectivo que se debe necesariamente poner en marcha en función del bienestar general.

O nos salvamos todos o no se salva nadie. Hay que darle sostenibilidad a la ansiada estabilidad económica y política. Por eso necesitamos de un rumbo, un país cuya rutina sea orientada de una buena vez en la dirección correcta. Expresa el cientista social Jaguaribe que “todo desarrollo sostenible es aquel que se hace por rutina”, bueno, eso, tan simple como difícil por momentos.

 

Las personas y los “números”

La experiencia cíclica nos hace dar cuenta que las condiciones financieras que permitan sostener un desarrollo a largo plazo serán posible sólo si se da una sana, madura y confiable combinación entre las finanzas públicas y privadas, es decir un modelo financiero global bajo el liderazgo competente del Estado, no con ausencia de él. Porque el capital debe estar siempre al servicio de la economía y no al revés, para que se generen las condiciones tales que permitan a cada uno obtener lo suyo -como acto de justicia- en base al resultado del producido de su trabajo manual o intelectual.

Compete al Estado ejercer ese liderazgo, la conducción del rumbo, o al menos así lo creo yo, pero lo cierto es que muchos quienes tienen, han tenido o aspiran a tener la posibilidad de hacerlo han perdido tiempo en una puja sin sentido por la afanosa búsqueda personal de poder, sin tener la más mínima conciencia ética que sea lo suficientemente clara para la moral. Por otra parte sólo se habla de la conciencia económica, aquella que muchas veces se padece pero no se percibe como resultante positivo si no es con un trabajo a largo plazo, algo que hemos podido experimentar en varias etapas de nuestra vida reciente en democracia, lo cierto es que aquella visión financiera del “día a día” se ha transformado en una rutina que provoca una triste frustración que luego se materializa con bronca.

Nos dicen que el futuro está “a la vuelta de la esquina”, en cierta manera sabemos que es verdad, pues lo hemos comprobado desde el análisis geopolítico. Poseemos las condiciones necesarias para tener una realidad distinta que permita la felicidad del pueblo argentino. Lo cierto es que independientemente de los grandes proyectos, de grandes conductores y liderazgos, el país necesita si o si marchar bien, eso es altamente necesario por el bien de todos, máxime de nuestra provincia donde su suerte está atada a la nacional de manera directa y lineal.

 

Conciencia pública

Debemos consolidar una conciencia pública que permita configurar a los gobiernos en una dirección positiva que sea difícil revertir, acordando puntos básicos y concretos de pautas para crecer con desarrollo e inclusión basadas en realidades sin demagogia, en donde la movilidad social ascendente este garantizada para todos y el acceso a la tierra, a una vivienda digna y a posibilidades laborales también, por que gobernar es incluir.

Las ideas latentes que deben existir por sobre todas las cosas son las del amor y dedicación plena al país, ese sentido netamente público que nos hace pensar en una mejor Nación en constante construcción.  Ahora bien, más allá de toda esta teoría, recordemos lo que enseña Perón, “nadie puede solucionar un problema social, si antes no soluciona un problema económico; y nadie soluciona un problema económico, sin antes solucionar un problema político”.

Seamos optimistas con relación al futuro, a ese destino único del que fatalmente somos los artífices en este presente. Reitero lo que he expresado en anteriores columnas de opinión, no existe ninguna revolución de la igualdad y libertad en nuestro país. Los argentinos tenemos una crisis ética y lo que nos debe importar realmente a “los políticos” es la gente, no lo olvidemos. Como dice la canción de Joan Manuel Serrat: “Detrás de cada fecha, detrás de cada cosa, con su espina y su rosa, detrás, está la gente”.

 

(*) Juan M. Garay – Abogado. Concejal 2023-2027. Vicepresidente 1° HCD. Presidente del Bloque Concejales PJ 2023-2027. Apoderado del Consejo Departamental PJ Uruguay. Secretario de Gobierno 2019-2023. Concejal 2015-2019. Presidente del Bloque Concejales PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

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Por Juan Martín Garay (*)

El cambio de época se empieza a dar de forma acelerada. La necesidad de organizarse para vencer al tiempo desde una nueva concepción de la estrategia, que permita dar orientación y sentido a la realidad -y con ello generar nuevas condiciones beneficiosas para la gente-, requiere no sólo de buenas intenciones sino de hacer las cosas bien y a un ritmo prudentemente adecuado. Para eso hay que estar con ambos oídos atentos a lo que expresa el pueblo y con la mirada enfocada más allá del horizonte de la mediocridad.

Estos 41 años de democracia no pueden ser reducidos solo a los medios que la misma emplea (votación, alternancia, división de poderes, etc.), sin ocuparnos de la progresiva mejora de las condiciones de vida que necesitan nuestros semejantes. Para el Justicialismo siempre fue ese su mayor principio rector, vale decir, facilitar mejores condiciones de posibilidades y mejorarle la vida a la gente. Jamás al revés. Por eso, el malestar general fruto de esa imperfección democrática de este tiempo explica el surgimiento de extremos con impotencia, bronca y frustración. Esto que no es una generalidad, pasa a ser masivo en tanto y en cuanto la opinión pública lo masifica producto de la molestia misma.

Ocurre que en este cambio de época los problemas son más veloces que la rapidez de las palabras y de las consecuentes acciones para resolverlos. Pero más allá de la velocidad, debemos darnos cuenta que las buenas ideas, por buenas que sean, basadas en cuestiones cortoplacistas, no son la mejor opción. Este cambio también viene acompañado de reclamos en voz alta y muchos en voz baja. Para identificarlos no sólo basta con el oído sino con el “olfato social”. El “termómetro de la calle”.

 

Ciudadanía

Para la toma de decisiones democráticas y para el desarrollo sostenible, se necesita de una permanente construcción de ciudadanía. Algo que se ve afectado por el generalizado descontento que anida en el seno social. Existe un evidente quiebre político y social producto de una crisis de representatividad sostenida en el tiempo, esto genera desconfianza y trae aparejado una imposibilidad para ordenar la cohesión social. Sobre todo por las consecuencias de la carente relación directa entre la palabra empeñada y el cumplimiento de los compromisos asumidos a lo largo del último tiempo entre las ofertas electorales mayoritarias y la elección oportuna de la gente.

A la desconfianza existente en la actualidad se le suma la incertidumbre, eso complica la visión de futuro y con ello el despertar de la esperanza. Por eso el mayor desafío es recobrar la confianza en la gente desde las más sanas manifestaciones de la política. En este cambio de época habrá que dialogar mucho y lo suficiente, aún desde las diferencias, pero fundamentalmente sin violencias. Esto ayudará, de alguna manera, a construir ciudadanía que permita la toma de decisiones para realizar las reformas integrales necesarias para conseguir un punto de cohesión y proyección social que permita un mejor desarrollo humano.

 

El viento del cambio

Ante la realidad, debemos tener una actitud proclive al cambio acompañando el tiempo que se vive pero con una mirada crítica. Tenemos que dejar de soplar contra el viento y empezar a soplar a favor de él. Es un deber moral escuchar atentamente a una sociedad cada vez más demandante que lo hace a viva voz o por lo bajo. Hay que tener la honesta capacidad intelectual de poder cuestionarlo todo y dejarse interpelar por los vecinos.

Por eso debemos buscar soluciones sostenibles en el tiempo en vez de excusas para escapar a la realidad de la mano de peleas y disputas sin sentido. Sencillamente porque a la gente no le importan las peleas, sino que le interesa sean solucionados los problemas que los aquejan y que dependen de la voluntad y gestión de quienes tienen la responsabilidad para ello. Hay que salir al encuentro de nuevas soluciones a viejos problemas con la aplicación de “recetas” sustentables. Este momento de inflexión resulta ser el devenir de la propia realidad pero en un contexto claramente adverso.

 

Se acabó el diagnóstico

Como vemos, mirar para atrás y explicar lo que nos pasa es fácil. Pero necesitamos de pragmatismo interpretativo para apreciar lo dinámico del contexto actual y avanzar en consecuencia con acciones concretas. Pensemos en el desafío de como gestionar este presente que está marcado por una gran impaciencia social y también en como liderar el futuro de la mano de la esperanza. Porque gestionar es hacer correctamente las cosas, mientras que liderar es hacer las cosas correctas.

Para eso necesitamos de líderes de distinto género que se animen a afrontar este gran desafío que nos plantea la gente respecto del futuro aún no escrito. En este presente hay una sana incertidumbre en la que todavía está todo por hacerse, lo que sin lugar a dudas es la clave de este tiempo.

Heidegger, denominado el “filósofo del tiempo”, explica que el tiempo es “la inquietud de ser, y lo que hay existe en tanto se desarrolla temporalmente”. Por eso resulta interesante lo que expresa Hegel: “el gran hombre de una época es el que sabe formular con palabras el anhelo de su época, el que sabe decir a su época lo que ella anhela y sabe realizarlo. Lo que él hace es corazón y esencia de su época”. En este contexto no olvidemos lo importante, la gente. Vayamos por el protagonismo en este cambio de época donde aún está todo por hacerse. Lo nuestro es la gente.

 

(*) Juan M. Garay – Abogado. Concejal 2023-2027. Vicepresidente 1° HCD. Presidente del Bloque Concejales PJ 2023-2027. Apoderado del Consejo Departamental PJ Uruguay. Secretario de Gobierno 2019-2023. Concejal 2015-2019. Presidente del Bloque Concejales PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

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Por Juan Martín Garay (*)

Han pasado 76 años del “Mensaje a los Jóvenes del Año 2000”. Este mensaje era una carta escrita por Juan Perón, la misma fue enterrada en una “capsula del tiempo” en la base de la Pirámide de Mayo el 12 de agosto de 1948. Ésta debería haber sido desenterrada el 12 de agosto de 2006 al conmemorarse el bicentenario de la reconquista de Buenos Aires luego de la primera invasión inglesa. Esto no ocurrió como originalmente estaba pensado porque la “Libertadora”, queriendo borrarla de la historia, la desenterró y destruyó apenas tomaron el poder en el ´55.

 

El Mensaje

A pesar de su destrucción, Perón había guardado una copia y la resistencia peronista también. Por eso fue publicada en “La hora de los pueblos” en el año 1968:

“La juventud Argentina del año 2000 querrá volver sus ojos hacia el pasado y exigir a la historia una rendición de cuentas encaminada a enjuiciar el uso que los gobernantes de todos los tiempos han hecho del sagrado depósito que en sus manos fueron poniendo las generaciones precedentes, y también si sus actos y sus doctrinas fueron suficientes para llevar el bienestar a sus pueblos y para conseguir la paz entre las naciones. Por desgracia para nosotros, ese balance no nos ha sido favorable. Anticipémonos a él para que conste, al menos, nuestra buena fe y confesemos lealmente que ni los rectores de los pueblos ni las masas regidas, han sabido lograr el camino de la felicidad individual y colectiva.

En el transcurso de los siglos hemos progresado de manera gigantesca en el orden material y científico, y si cada día se avanza en la limitación del dolor, es solamente en su aspecto físico, porque en el moral, el camino recorrido ha sido pequeño. El egoísmo ha regido muchas veces los actos de gobierno y no es el amor al prójimo, ni siquiera la compasión o la tolerancia, lo que mueve las determinaciones humanas. Esa acusación resulta aplicable tanto a los pueblos como a los individuos. Cierto que en uno y en otros se dan ejemplos de altruismo, pero como hechos aislados de poca o ninguna influencia en la marcha de la humanidad. Es cierto que en ocasiones parece que se ha dado un gran impulso en favor de los nobles ideales y de las causas justas, pero la realidad nos llama a sí y nos hace ver que todo era una ilusión.

Apenas terminada la guerra, ponemos nuestra esperanza en que ha de ser la última porque las diferencias entre las naciones se han de resolver por las vías del derecho aplicado por los organismos internacionales. Pocos años bastan para demostrarnos con un conflicto bélico de mayores proporciones el tremendo error en que habíamos caído. Hasta el aspecto caballeresco de las batallas se ha perdido y hoy vemos con el corazón empedernido como al cabo de veinte siglos de civilización cristiana, caen en la lucha niños, mujeres y ancianos. Apenas un conflicto social ha sido resuelto vemos asomar otro, de más grandes proporciones, no siempre solucionado por las vías de la inteligencia y de la armonía sino por la coacción estatal o de las propias partes contendientes más fuertes, no el del mejor derecho.

Frente a esta lamentable realidad: ¿de qué han servido las doctrinas políticas, las teorías económicas y las elucubraciones sociales?. Ni las democracias ni las tiranías, ni los empirismos antiguos ni los conceptos modernos han sido suficientes para quietar las pasiones o para coordinar los anhelos. La libertad misma queda limitada a una hermosa palabra, de muy escaso contenido, pues cada cual la entiende y la aplica en su propio beneficio. El capitalismo se vale de ella no para elevar la condición de los trabajadores procurando su bienestar, sino para deprimirles y explotarles. Los poseedores de la riqueza no quieren compartirla con los desposeídos sino aceptarla y monopolizarla. E inversamente, los falsos apóstoles del proletariado quieren la libertad más para usarla como un arma en la lucha de clases que para obtener lo que sus reivindicaciones tengan de justas. No ha empezado a alborar el liberalismo económico cuando -para impedir sus aplausos- tiene el Estado que iniciar una intervención cada vez más intensa a fin de evitar el daño entre las partes y el daño a la colectividad. Pero tampoco su intervencionismo constituye un remedio eficaz porque, o es partidista, o busca anular las libertades individuales y con ellas a la propia persona humana.

El mundo ha fracasado. Mas este fracaso, ¿será tan absoluto que no deje un mínimo resquicio a la esperanza?. Posiblemente podamos mantener el optimismo con la ilusión de que el avance de la humanidad hacia su bienestar es tan lento que no lo percibimos, pero de cada evolución queda una partícula aprovechable para el mejor desarrollo de la humanidad. El avance es invisible y está oculto por sus propios vicios a que antes he aludido, pero no por eso deja de existir. Se haría más perceptible si cada uno de nosotros se despojase de algo propio en beneficio de sus semejantes, si tratase de dirigir las disputas con la razón y no con la violencia.

Dentro de mis posibilidades así he procurado hacerlo y, en este sentido, he orientado mi labor de gobernante. Válgame por lo menos la intención y sea ella la que juzguen y valoren mis críticos del porvenir. La humanidad debe comprender que hay que formar una juventud inspirada en otros sentimientos, que sea capaz de realizar lo que nosotros no hemos sido capaces. Esa es la verdad más grande que en estos tiempos debemos sustentar sin egoísmos, porque éstos nos han conducido solamente a desastres.

En nuestra querida Argentina, el panorama descrito se ha sentido sin ser cruento, pero en el orden general, los hechos prueban que ha sido el acierto la resolución que ha precedido nuestra realidad. La independencia política que heredamos de nuestros mayores hasta nuestros días, no había sido colectivizada por la independencia económica que permitiera decir con verdad que constituíamos una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Por eso nosotros hemos luchado sin descanso para imponer la justicia social que suprimiera la miseria en medio de la abundancia; por eso hemos declarado y realizado la independencia económica que nos permitiera reconquistar lo perdido y crear una Argentina para los argentinos, y por eso nosotros vivimos velando porque la soberanía de la Patria sea inviolable o inviolada mientras haya un argentino que pueda oponer su pecho al avance de toda prepotencia extranjera, destinada a menguar el derecho que cada argentino tiene de decidir por sí dentro de las fronteras de su tierra. Contra un mundo que ha fracasado, dejamos una doctrina justa y un programa de acción para ser cumplido por nuestra juventud: esa será su responsabilidad ante la Historia.

¡Quiera Dios que ese juicio les sea favorable y que al leer este mensaje de un humilde argentino, que amó mucho a su Patria y trató de servirla honradamente, podáis -hermanos del 2000- lanzar vuestra mirada sobre la Gran Argentina que soñamos, por la cual vivimos, luchamos y sufrimos!”

El documento, como se puede apreciar, goza de plena vigencia y es absolutamente actual.

 

Su lectura

En el año 2006, el texto finalmente fue leído por Julián Licastro en un acto de reivindicación, cumpliendo así con la fecha consignada. En esa oportunidad Licastro reflexionó sobre el “Mensaje a los Jóvenes del Año 2000” y desarrolló varias consideraciones:

“Es una ratificación de la “tercera posición”, esa que era proclamada en los cánticos: “Ni yanquis, ni marxistas, peronistas”. En su legado, Perón asegura que el capitalismo se vale de la libertad “no para elevar la condición de los trabajadores procurando su bienestar, sino para deprimirles y explotarles. Los poseedores de la riqueza no quieren compartirla con los desposeídos sino aceptarla y monopolizarla”. También cuestiona a la izquierda marxista cuando asegura que “los falsos apóstoles del proletariado quieren la libertad más para usarla como un arma en la lucha de clases que para obtener lo que sus reivindicaciones tengan de justas”. Luego define al peronismo: “Hemos luchado sin descanso para imponer la justicia social que suprimiera la miseria en medio de la abundancia; por eso hemos declarado y realizado la independencia económica que nos permitiera reconquistar lo perdido y crear una Argentina para los argentinos. Y por eso nosotros vivimos velando porque la soberanía de la Patria sea inviolable o inviolada mientras haya un argentino que pueda oponer su pecho al avance de toda prepotencia extranjera, destinada a menguar el derecho que cada argentino tiene de decidir por sí dentro de las fronteras de su tierra”. Agregó que también hizo “una especie de autocrítica respecto a las limitaciones que en ese tiempo él reconoce que ha tenido el proceso del desarrollo argentino”, pero destacó que igual “rescata, junto con su espíritu, las realizaciones hechas por el Justicialismo”. En el texto, el líder hace una autocrítica de los gobernantes: “¿De qué han servido las doctrinas políticas, las teorías económicas y las lucubraciones sociales? Ni las democracias ni las tiranías ni los conceptos modernos han sido suficientes para aquietar las pasiones o para coordinar los anhelos. La libertad misma queda limitada a una hermosa palabra, de muy escaso contenido, pues cada cual la entiende y la aplica en su propio beneficio”. Por eso sostiene que “la humanidad debe comprender que hay que formar una juventud inspirada en otros sentimientos, que sea capaz de realizar lo que nosotros no hemos sido capaces. Esa es la verdad más grande que en estos tiempos debemos sustentar sin egoísmos, porque éstos nos han conducido solamente a desastres”.

 

Eterna preocupación

Este mensaje tiene 76 años de antigüedad, pero con la vigencia de lo permanente, nos debe interpelar para la reflexión de todos, fundamentalmente de quienes debemos esforzarnos al máximo para diseñar, en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos de manera permanente. Por eso es importante analizar estas palabras escritas mirando ya no tanto hacia el pasado, sino respecto de la triste actualidad y más que nada sobre el futuro de nuestra Nación, la que depende de la construcción permanente de todos.

En la eterna preocupación por una sociedad más justa y sin exclusiones, necesitamos volver a pensar un pacto que sea no solamente político, sino también social y cultural. La ética y la moral deberán salir al encuentro armonioso del conocer y el amar, junto a ejemplos claros que refuercen con hechos las palabras. Como indicó José Ortega y Gasset en “Meditación del pueblo joven”: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos”. Por eso insisto, recordemos que lo nuestro es la gente. Lo único que debe importarnos.

 

(*) Juan M. Garay – Abogado. Concejal 2023-2027. Vicepresidente 1° HCD. Presidente del Bloque Concejales PJ 2023-2027. Apoderado del Consejo Departamental PJ Uruguay. Secretario de Gobierno 2019-2023. Concejal 2015-2019. Presidente del Bloque Concejales PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

La Rosca | Opiniones |

Por Juan Martín Garay (*)

Este lunes 01 de julio se conmemora una fecha importante para el Movimiento Nacional Justicialista, se arriba a un nuevo aniversario del fallecimiento de Juan Domingo Perón, “Coronel del pueblo, General de la Nación”. Hace 50 años el creador de “una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista” nos dejaba en la vida terrenal y partía hacia su encuentro con el Señor.

 

La vigencia de un pensamiento

Perón sigue vigente en este cambio de época. Analizando nosotros este presente pero siempre pensando en el futuro, podemos verlo a esto cuando él expresa que “en lo profundo, el problema argentino es un problema de generaciones: la vieja generación demoliberal burguesa que puja por subsistir y la nueva generación evolucionista que anhela imponer otras formas de vivir y progresar. La decisión en esta lucha de generaciones está en el tiempo. El futuro es de la juventud y si no mediaran otros factores, la supresión biológica aseguraría el triunfo a los jóvenes. Sin embargo, hay que acelerar el proceso, porque la evolución del mundo no espera. He ahí la función de una juventud que tenga conciencia de la hora que vivimos y de la misión que le corresponde. Pocos pueblos en el mundo han alcanzado la madurez política del argentino y pocos, en su conjunto, saben como él lo que quieren, pero nunca, en la historia política Argentina se ha presenciado una manifestación más monstruosa de falta de respeto a la voluntad popular, con el cinismo de afirmar que se lo hace en el nombre y defensa de la democracia. Es preciso comprender que nuestro país está viviendo horas decisivas y que, de las soluciones que se alcancen ahora dependerá el futuro que podrá ser venturoso o luctuoso, según seamos capaces de proceder con grandeza para luchar por los intereses de la Patria o no”.

 

Patria futura, Nación presente

Hace mucho años Perón hablaba hacia este tiempo: “Me permito recordar a todos los muchachos y muchachas que en cada uno de ellos reside la Patria futura (…;…) Creo en ellos, muchachos y muchachas. Miran hacia delante y hacia arriba. Ven la altura de mi “empresa” y la claridad de “mi divisa” porque en los ojos limpios les brilla el alma despojada de la soberbia que enceguece a los hombres maduros. Ellos verán la Argentina del año 2000. Ellos verán en su plenitud la felicidad de nuestro Pueblo y la grandeza nacional. Ellos serán los artífices elegidos para coronar la unión de los Pueblos Americanos porque el signo de América señalará, para toda la humanidad, el comienzo del tercer milenio en el calendario cristiano de la historia. Ellos realizarán todas nuestras esperanzas todos nuestros sueños y también nuestras utopías. A ellos, que son el porvenir, les corresponde en justicia, pues, este Mensaje. Debo advertirles, por la experiencia de mi vida, que todos los caminos que llevan a la cumbre son duros y difíciles. Es necesario ascender con el más absoluto equilibrio entre la inteligencia, el corazón y el cuerpo, cuya materia sustenta la armonía entre las ideas y los sentimientos. El exceso de “entusiasmo” de los grandes corazones frecuentemente confunde la inteligencia. Cuando se “siente” demasiado, se deja de pensar. Cuando se piensa mucho, la lógica de la razón enfría hasta congelar los sentimientos. Por eso debemos evitar la imperfección de la unilateralidad y buscar que la inteligencia se sustente en un cuerpo sano y fuerte, que vendrá a ser como el mástil en donde flamearán al tope las grandes ideas y los grandes sentimientos. Confío plenamente que la juventud realizará con éxito la empresa de su ascensión hacia la Patria futura. Tiene todas las condiciones para alcanzar el éxito. Está construyendo desde ahora la victoria de mañana. A nosotros nos queda la íntima satisfacción de haberles señalado la cumbre y sus caminos y nos queda el gozo anticipado de haberles entregado nuestra propia bandera. Sin egoísmos, para que ellos la claven en la cumbre del destino nacional y la dejen allí, flameando entre la tierra y el cielo”.

 

Encuentro generacional y político

El momento de inflexión y transición en que nos encontramos viviendo actualmente quienes desde el sentir del corazón nos llamamos peronistas, pero que desde la razón, formación y convicción somos justicialistas, requiere de un sano encuentro generacional y político que sea representado en una necesaria unidad en la diversidad. Ante el cambio de época, para el tiempo que viene por delante necesitaremos a la comunidad más organizada que nunca, con un Estado y organizaciones libres del pueblo activamente fortaleciendo los lazos de pertenencia solidaria, donde lo social y el bien común dejen de lado a la primacía de lo económico como algo determinante y exclusivo para el Desarrollo Humano.

 

La fuerza de un pueblo

María Eva Duarte nos hablaba de que “no hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano”. Pero para eso hay que ser leales a ese pueblo, ¿Qué es ser leal? Perón explica que la lealtad que más vale es la que nace del corazón, no la de la conveniencia. Los peronistas debemos comprender que serlo no significa vociferar o alardear un “ismo”, se trata de estar formados como cuadros políticos consustanciados intelectualmente con una doctrina “aggiornada” al Siglo XXI sobre la base de los mismos principios rectores. Ser leales a Perón y al pueblo, a la gente, basados en la ética como algo de índole meramente personal, de conciencia propia que siempre tiene sus consecuencias sobre los demás con cada acción u omisión que hacemos. Por eso invito a quienes tenemos una misma ideología, que este 1° de julio reflexionemos en ser siempre leales desde el corazón a esos principios que nos rigen y que hemos adoptado como filosofía de vida. Recordemos que lo nuestro es la gente, el pueblo y la búsqueda de su felicidad. Siempre.

 

(*) Juan Martín Garay – Abogado. Concejal 2023-2027. Vicepresidente 1° HCD. Presidente del Bloque Concejales PJ 2023-2027. Apoderado del Consejo Departamental PJ Uruguay. Secretario de Gobierno 2019-2023. Concejal 2015-2019. Presidente del Bloque Concejales PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

 

La Rosca | Opiniones |

Por Lic. Sebastián Aguilar (*)

En el libro “Los Intelectuales y la Organización de la Cultura”, el italiano Antonio Gramsci sostenía  que “… se pueden fijar dos grandes planos superestructurales, el que se puede llamar de la “sociedad civil”,  que está formado por el conjunto de los organismos vulgarmente llamados “privados” y el de la “sociedad política o estado” que corresponden a la función de “hegemonía” que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad y la del “dominio directo” o de comando que se expresa en el estado y en el gobierno “jurídico”. Estas funciones son precisamente organizativas y conectivas. Los intelectuales son los “empleados” del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político…” Estas líneas nos dan una idea inicial para comprender algo de la llamada batalla cultural.

En una breve mirada desde la recuperación democrática en Argentina, en épocas del gobierno de Raúl Alfonsín hubo ciertos atisbos de una mirada gramsciana pero las mismas no alcanzaron desarrollos importantes. En el ascenso y dominio de los sectores kichneristas y ligados al mismo, también se evidenció la necesidad de establecer valores y normas en función de una nueva realidad que implicase una cultura al menos,  superadora de la existente,  donde  podemos indagar aspectos gramscianos pero no enteramente. Y esto por una sencilla razón: el kirchnerismo es una parte más del Peronismo, no el Peronismo.

Sin embargo, el escenario actual es distinto, complejo y con una dinámica cada vez más heterogénea, aturdido por las redes sociales con sus ejércitos de trolls,  medios de comunicaciones y  periodistas “oficialistas”, con una retirada “planificada” del Estado, una profunda contracción económica y la presión por establecer nuevas reglas jurídicas y económicas, que están planteando escenarios donde bien podemos hablar de una “batalla cultural” tan popularizada en estos tiempos.

Por lo pronto, las categorías gramscianas tienen su razón de ser y las mismas  estuvieron dentro de un contexto de proyectos, tendencias y partidos políticos e ideológicos progresistas y ciertamente críticos al sistema capitalista burgués.  Pero también una manera distinta de combatirlo desde las huestes marxistas.

De ahí su atracción e importancia durante años pero que recobra, en parte,  nuevos bríos al aparecer nuevamente en un horizonte donde es el neoliberalismo libertariano el que quiere utilizarlas.  La novedad, provocadora si se quiere, es la existencia, en apariencia incipiente, de una captura de las mismas bajo el manto “anarco neoliberal capitalista” dando entidad, por eso lo novedoso, a las clásicas afirmaciones del denominado discípulo del profesor Murray Rothbar, a través de un Estado cuyo presidente es Javier Millei.

En épocas de Murray Rothbar, las ideas libertarias o libertarianas solo tenían un par de adeptos con representación política en Alaska y en Texas y grupos minúsculos repartidos por los Estados Unidos. Su carácter de ultra liberal no les permitía más crecimiento por estar en las periferias ideológicas y  electorales democráticas.  Pero esto no debe llevar a confusión. Las lógicas de ello podemos rastrearlas en el Liberalismo Clásico desde John Locke en adelante. Sin embargo los verdaderos padres fundadores de las ideas libertarias o libertarianas son el neo liberalismo de Friedrich Von Hayeck  y  Ludwig Von Mises, capitalistas y defensores del laisser faire  y, muy especialmente, en los extremos de la versión, en su carácter anarquista,  por el profesor  Murray Rothbar.

Juegos del destino, Carlos Marx y Murrey Rothbar han construidos sus utopías a partir de la desaparición del Estado por lo que llama la atención y asombro (no solo en Argentina sino en los principales países del mundo) es que las ideas de éste, en los extremos del liberalismo,  son en las que se apoya el presidente  Javier Milei.

La denominada “batalla cultural” no es nueva, lo que sí es nuevo es que por primera vez tiene un anclaje estatal, un país,  desde donde  parte el plexo ideológico neoliberal extremo para llevarla a cabo. Y ello puede explicarse desde una mirada de confrontación con la estructura de lo que nosotros llamamos Estado. La expresión anarco capitalista, no es caprichosa, muy por el contrario, requiere como todo nuevo orden de un proceso de asimilación, establecimiento de nuevo valores, normas y procedimientos donde la sociedad, no necesariamente la comunidad, comience a recibir mensajes sociales, educativos, culturales y políticos que conllevan una nueva mirada de lo que debe ser una sociedad.  Este es el nudo central de la batalla cultural.

Y en Argentina quién puede dar la batalla cultural ante este contexto de situación, es el Movimiento Nacional Justicialista. Razones y fundamentos sobran.  Es tan cierto ayer como hoy cuando el general Juan Domingo Perón afirmaba que “El hombre y la sociedad se enfrentan con la más profunda crisis de valores que registra su evolución donde Nuestra Comunidad –Organizada – a la que debemos aspirar, es aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia”. Empero, el Peronismo deberá recuperarse y pronto, con la necesidad imperiosa de los tiempos en que vivimos sincerándose y recuperando confianza con su Pueblo.

La actualidad argentina requiere el involucramiento de hombres y mujeres, con responsabilidad histórica, porque corremos un serio peligro como Nación de perder lazos de  solidaridad, confianza  e independencia los cuales deben volver a ser parte de nuestro acervo nacional.

 

(*) Sebastián Juan Aguilar – Lic. En Relaciones Internacionales (UNR) Magister en Ciencias Políticas (UCSF), Doctor en Educación (UCSF). Profesor Universitario. Presidente Consejo de Unidad Básica de Diamante.   

La Rosca | Voces |

Por Juan Martín Garay (*)

Hugo Alconada Mon define con claridad los motivos que convergieron a la llegada como Presidente de Javier Milei: “encarnó un sentimiento social de bronca y frustración con la dirigencia tradicional que carecía de representación política en la Argentina”. Todo quedó atado al humor social fruto del cansancio y hastío, junto a la esperanza que se logró despertar en cierto sector y la canalización de la bronca. Ocurre que en el medio de las disputas banales por la afanosa búsqueda personal y sectorial de poder (y de riquezas) siempre está la gente, aunque muchos lo olvidan.

A poco más de 100 días de gestión, para el politólogo Federico Zapata, “Milei es el emergente en la descomposición de un sistema que se rompió y, durante estos meses, lo que estamos viendo es la convivencia de distintos clivajes que no se ordenan y navegan sobre la implosión de la geografía política del AMBA, porque Milei no ganó con ese electorado, sino con el interior”.

Eso que expresa Zapata quedó demostrado con el voto definido de manera selectiva en un alto comportamiento emocional. Por decisión de la mayoría, ante sólo la oportunidad de opción por un candidato u otro en doble vuelta, se impuso quien supo despertar la total atención y capitalizó las expectativas como así también las defraudaciones. En esos días vendió esperanza y se compraron sueños, hoy se aprecia que en “el producto adquirido” aparecieron lo que en derecho se conoce como vicios redhibitorios, aquellos defectos ocultos que no son reconocibles en el momento de la entrega. Pero que la mayoría claramente “compró”, algunos tal vez porque no les quedaba otra opción, otros quizás por plena convicción.

 

La crisis

El actor principal es la gente, eso es importante tenerlo en cuenta. Sin embargo hay quienes aún no lo entienden e inmersos en un fanatismo complejo y aletargado no ven venir el cambio que se está reclamando como una nueva “ola” que nos llega cual Tsunami. Pasa que cuando cambia la gente y se va en esa sintonía, todo fluye, pero cuando la gente cambia y quedamos estancos en el tiempo, creyendo que todo es igual a como fue siempre o como era antes, estamos en un grave error de percepción. A mis compañeras y compañeros les recuerdo que Perón expresa que la “sensibilidad e imaginación son base para ver, ver base para apreciar, apreciar base para resolver, y resolver base para actuar”. Pasa que a veces el ego nubla la vista de la perspectiva política y social cuando se está sólo en el texto y no en el contexto, o lo que es peor, en “el verso” y sin el texto, mucho menos cuando no se está en la periferia. Y si encima no hay “olfato” político, todo se complica para quienes pretenden conducir un pueblo en andas que empieza a padecer las decisiones económicas de quienes pretenden hacer “cerrar los números” sin la gente adentro, careciendo así de rostro humano una economía que hoy más que nunca debería tenerla. Todo gracias a la mezquindad de quienes cometieron los errores políticos habidos y por haber para que se de esta realidad actual. Tengamos memoria también.

Ahora bien, sepamos que lo que fue ya quedó atrás y lo que pasó no va a volver a ser. Por eso nuestro país, como representación de una sociedad molesta, no va a volver atrás. Es imposible que eso suceda. Porque se ha roto un sistema donde ya no hay lugar para nuevos “restauradores”. Sólo nos queda la esperanza de construir juntos con la sociedad civil la red que contenga a los que se están “cayendo” del sistema. Aquellos rostros humanos que clamen ayuda y una mayor contención posible. Para la gente hay un enorme malestar que se explica también en la distancia hacia la dirigencia política o viceversa (aclaro que no de todos, pero en esto siempre “pagamos justos por pecadores”). La disputa partidista ha pasado a un segundo plano y está muy presente un nuevo participante, el de la bronca que ya no se calla, y junto a ella el ojo ciudadano que todo lo mira, controla y critica.

 

El otro país y lo que viene

Desde un lado de “la General Paz” salió un excéntrico personaje, con un fuerte esquema mediático que lo apoyó y continúa haciéndolo, encarnando la bronca social contenida tras una década de empates políticos entre coaliciones que no acordaron un programa común. Para unos Milei es la representación mayoritaria de las minorías fraccionadas de otro tiempo, para otros su arribo es la consecuencia del fracaso económico de los gradualismos, por ende contiene una deseo de “shock profundo y de cirugía sin anestesia”.

Estamos con una grave situación económica y para solucionarla primero habrá que resolver otro gran problema, el político, porque la gente ya no respalda proyectos, rechaza a la política y a quienes la representan, mucho más si para tratar de despertar esperanza en la gente algunos se apoyan en un pasado al que a pocas personas les interesa realmente. Es ahí donde para las discusiones que vienen, el resto del país que está más allá del AMBA puede empezar a construir un liderazgo fuerte, tal vez mirando a Córdoba. Precisamente porque la crisis de los liderazgos nacionales y las coaliciones de laboratorio generan un terreno propicio para sembrar en la tempestad de este temporal que nos lleva puesto a todos.

He ahí la salida en esta actualidad, donde el Justicialismo si quiere volver a ser protagonista va a tener que encarnar una profunda voluntad de cambio y transformación ante la crisis que se tiene con la sociedad producto del hartazgo. Cuando todo pase, el bipartidismo entendido como tal no será una opción, porque las construcciones políticas del último decenio se han dado con expresiones que contenían a las de la ciudadanía mirando hacia el futuro, no hacia el pasado. Hoy se necesita “olor a jazmín” en vez de olor a “naftalina”, por más nueva que sea “la percha”.

Ante el clima dominante de época, con un fuerte hastío social y con la clara intención producida como reacción sostenida en la idea de castigar a una gran parte de la dirigencia, pensemos en aquello que verdaderamente debe importarnos insistentemente, la gente, por eso construir cercanía es lo más aconsejable para afrontar este tiempo y el que viene. En un ejercicio local, escuchemos en el mayor de los silencios, con mucho respeto y con plena atención. Interpretemos lo que nos están queriendo decir nuestros vecinos. En función de la lucha permanente por la resolución de los verdaderos problemas de la gente, mirando para adelante, vayamos por la construcción de un próximo ciclo que nos tenga ahora como protagonistas, mano a mano con el pueblo y siempre en búsqueda de su felicidad.

 

(*) Juan Martín Garay – Concejal 2023-2027. Vicepresidente 1° HCD. Presidente de Bloque Concejales PJ 2023-2027. Secretario de Gobierno Municipalidad de C. del Uruguay 2019-2023. Presidente de Bloque Concejales PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

La Rosca | Opiniones |

Por Juan Martín Garay (*)

Bajo condicionamientos de índole político y social, nuestro país se ha ido comportando de manera cíclica con períodos aproximados de 50 a 60 años en el aspecto económico. La base del problema siempre ha sido la no resolución de cuestiones netamente políticas que inciden sobre el comportamiento de la economía, base para la cuestión social y el desarrollo humano.

Nikolái Kondrátiev fue un economista ruso que elaboró la teoría de los ciclos económicos de largos períodos, los que según él pueden alcanzar hasta 60 años. Se convirtió en el primer y único economista fusilado de la historia mundial cuando Stalin ordenó su fusilamiento porque sus análisis y estudios contradecían la profecía Marxista del fin del capitalismo.

Los ciclos teorizados por Kondrátiev pasan por cuatro estadios de manera cíclica – sinusoidal: el 1°, donde emerge un nuevo actor económico de gran relieve y crecimiento exponencial; el 2°, donde dicho crecimiento lo es en demasía pero normalmente suele estar acompañado de inflación; el 3°, con crecimiento sostenido pero con un fuerte sostenimiento financiero que mayormente genera una “burbuja” de especulación; y el 4°, cuando la “burbuja revienta” y se genera un gran ajuste, endeudamiento, con menor demanda pero más capacidad, deflación y recesión.

Aplicando su teoría a nuestro país, si dividimos en períodos aproximados de 50 a 60 años, el primero de estos ciclos tendríamos que contabilizarlo desde el año 1880 hasta el año 1930, el segundo desde esa fecha hasta el año 1976 y el tercero de ahí hasta la actualidad. En el medio de cada período, las “altas y bajas” de la economía Argentina fueron dando muestra de un comportamiento cíclico – sinusoidal.

 

El último ciclo

Si tomamos fenómenos de incidencia a escala internacional, vemos que a inicios y mediados de los ´70, se dio un estallido económico en países de América Latina generados por las crisis de sus deudas externas. Los “petrodólares” adquiridos por estos países fueron utilizados para financiar los déficits públicos y crear “burbujas” de especulación financiera, haciendo uso de los ciclos de inflación – devaluación, en vez de usarlos en el desarrollo de sus economías productivas.

A nivel local en 1976 se produjo en Argentina el último de los golpes de Estado perpetrado por las Fuerzas Armadas y el poder económico liberal. El Proceso de Reorganización Nacional y el gran endeudamiento externo con profundos cambios estructurales en materia económica llevados adelante por el Ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, conformaron un modelo basado en la acumulación rentística y financiera, la apertura externa irrestricta, comercial y de capitales, destruyendo así el aparato productivo local con una marcada desindustrialización y un profundo endeudamiento externo.

Producto de la derrota militar en la guerra de Malvinas, el gobierno de facto perdió todas las esperanzas de mantenerse en el poder, ante un fuerte reclamo multipartidario volvió la democracia y en 1983 fue electo Presidente el radical Raúl Alfonsín. Lo económico fue nuevamente la clave y el Plan Primavera pareció la solución junto al traslado de la Capital entre otros temas claves. Junto con Don Raúl aparecieron los señores Grinspun, Sourrouille, Pugliese y Rodríguez (Ministros de Economía ellos, no la línea de defensa de un equipo de fútbol), las Cajas PAN e intentos de saqueo.

A partir de 1989 fruto de una crisis económica hiperinflacionaria asumió la Presidencia anticipadamente Carlos Menem. La solución encontrada por su equipo económico fueron las privatizaciones y el endeudamiento para sostener la convertibilidad. El “uno a uno fue la cenicienta”, una fantasía de que un peso podía valer igual a un dólar estadounidense de manera constante en el tiempo, descartando de plano el “salariazo” y la “revolución productiva” que había prometido para que lo sigan pues no iba a defraudar. Con un primer gobierno considerado “exitoso”, su segundo mandato no lo fue tanto.

Después de diez años de “Menemismo” asumió la presidencia Fernando de la Rúa, el descrédito generado por la gestión anterior posibilitó su llegada a la Casa Rosada. Lamentablemente durante su mandato inconcluso se profundizó y desató la crisis más grande de los últimos tiempos. “La crisis de Diciembre de 2001” fue el final de una crónica anunciada no sólo en lo económico sino también en lo político. La historia reciente de los últimos 23 años ya es conocida por todos, de la que cada persona al leer esto tendrá su propia vivencia desde la cual apreciar la realidad y contexto actual para emitir su opinión personal.

 

Todo es política

Como todo es política, concluye Perón que “nadie puede solucionar un problema social si antes no soluciona un problema económico, y nadie soluciona un problema económico sin antes solucionar un problema político”, por eso la crisis de representatividad política que nos atraviesa termina siendo un factor clave. Tomemos un poco de filosofía para abordar este tiempo, como nos enseña Marechal cuando expresa que “la política es la hermana menor de la filosofía”, por eso vayamos al filósofo Marshall McLuhan para darnos cuenta que muchas veces pensamos en el futuro, lo que está por venir (ya sea real o como anhelo) pero en base a mirar el pasado reciente, sin tener en cuenta la gran dimensión de un pretérito más global y abarcativo que logre explicarnos un poco mejor todo lo que está por suceder en el camino por delante, los verdaderos cambios que indefectiblemente se aproximan.

 

Sana crítica y un nuevo comienzo

Para quienes adjudican la culpa de todos los males al peronismo cuando dicen (sin nombrarlo muchas veces o de manera despectiva) que el problema de los argentinos son los últimos 70 años, pensemos que en 100 años el 35% de esos años gobernó el peronismo, el 30% el radicalismo, un poco más del 20% militares y poco menos de otro 20%, otros partidos, entonces, de alguna manera ¿la Argentina que tenemos es responsabilidad de todos o de algunos?

A mis compañeras y compañeros les quiero recordar que hasta el año 1976 hubo dos grandes modelos de desarrollo: primero el modelo agro exportador y, segundo, la llamada industrialización por sustitución de importaciones. Entonces ¿qué le pasó al peronismo luego de 1983 que no pudo consolidar un modelo consensuado de desarrollo? Fracasamos.

Respecto de lo económico y lo social, no tener resuelto este conflicto de corto plazo ha condicionado indudablemente el resultado de la estabilidad económica de largo plazo, el conflicto constante entre los intereses corporativos y la puja distributiva parece ser el mayor escollo. Ojalá pronto llegue lo que muchos esperamos, el advenimiento de un nuevo comienzo, donde lo económico con lo político dejen de estar en una constante contradicción, porque quien pierde con todo este asunto siempre es la gente.

 

(*) Juan M. Garay – Concejal 2023-2027. Vicepresidente 1° HCD. Presidente de Bloque Concejales PJ 2023-2027. Secretario de Gobierno Municipalidad de C. del Uruguay 2019-2023. Presidente de Bloque Concejales PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

 

 

La Rosca | Opiniones |

Por Fabián Rogel (*)

Estamos conmemorando, no festejando, puesto que hay poco para festejar, 40 años de continuidad democrática y a medida que acerca la fecha de las elecciones, los dirigentes políticos de esta democracia que supimos conseguir, de la cual me siento parte, muchas veces se empecinan en mortificar al pueblo argentino con actitudes, propuestas y declaraciones sin reparar que el que sufre estos desaciertos de la dirigencia política es quien está en el medio, es decir el pueblo.

Las declaraciones del señor Milei, quien pretende conducir como Presidente los destinos de la Nación Argentina, parecieran no tener filtros, sin importar demasiado a quién se perjudica, sino que lo que importa es intentar, con declaraciones grandilocuentes, que para mí son vergonzosas, perjudicar a quienes hoy nos gobiernan.

La valoración de cómo le ha ido al actual gobierno, en una democracia, la debe hacer la sociedad al momento de elegir sus nuevos gobernantes. Así de sencillo funciona la democracia.

Ahora bien, decir que el peso argentino es excremento, que los argentinos deberían ir corriendo a retirar sus ahorros de los bancos, parecieran ser declaraciones de un psicópata que pretende destruir lo que a su vez pretende gobernar.

Atrás quedó la belleza de la política, que consiste en seducir al votante, encantar al pueblo para que vuelva a creer y enamorar a la mujer y al hombre común sobre un destino promisorio en el que todos los que hacemos política debemos intentar precisamente eso: que el pueblo vuelva a creer.

Finalmente, el debate presidencial dejó el sabor amargo y que atrasa, buscando ser sólo efectista y donde la descalificación del otro parece más importante que volver a enamorar a partir de una propuesta. Pero el debate, en definitiva, no deja de ser una muestra de la crisis que estamos atravesando.

El candidato Milei, se dice, se desdice, se contradice, se abraza a algunos de lo peor que él denomina casta, y eso enciende un llamado de atención. En política y en la conquista del poder, no vale todo, porque después hay que gobernar y ahí tampoco puede valer todo.

*Fabián Rogel –  Dirigente radical. Candidato a diputado provincial (Juntos por Entre Ríos). Fue diputado provincial, convencional constituyente y diputado nacional. 

La Rosca | Opiniones |

Por Juan Martín Garay (*)

El hartazgo se hace sentir con más fuerzas ante una crisis cíclica que no parece tener fin. Vemos como miles de argentinos tienen mucha tristeza por un país mayormente sin rumbo ni esperanza. Pero más que nada lo hacen con demasiada bronca contenida, la que se deja expresar en cada oportunidad que tienen (o han tenido) en las urnas, máxime en el último tiempo.

Desencantados y defraudados, sumidos en una sensación de fracaso colectivo, dado que los “últimos castigos” por parte de la ciudadanía aún no dieron sus frutos como se esperaba luego del no acompañamiento electoral al oficialismo en el 2015, al oficialismo en 2019, al oficialismo en 2021 y en las PASO de este año, los votantes sin lugar a dudas siguen sin poder encontrar una salida al gran problema que aqueja a todo el entramado social, con una crisis que no termina de resolverse pero que se deja ver cada vez más.

 

Ingobernabilidad y el caos

Así las cosas, un influencer economista, invento mediático de un espectro de la consultoría económica nacional y los medios de comunicación, se presenta como el emergente visible de ese hartazgo para una sociedad más proclive que nunca a hacer un salto al vacío por el sólo hecho de no tener confianza en las ya consolidadas opciones tradicionales.

El periodista, politólogo y escritor especializado en la realidad política latinoamericana, José Natanson analiza que el más votado en las PASO a nivel nacional se auto construye “como el candidato de la antipolítica apelando a la gesta contra la casta, un concepto importado de al que le saca todo el jugo posible”. Por eso para Natanson, “subestimar la catástrofe que implicaría la llegada al poder de un sector que sólo representa encarnizadamente al autoritarismo en su máxima expresión, sería no entender mejor la naturaleza exacta del mismo”. Según él, con el posible arribo al gobierno de este espacio, todo lo institucional se podría convertir en una “brutal degradación de la vida cívica, el desmantelamiento de los mecanismos estatales de solidaridad y la creación de una zona liberada a nivel nacional para los ataques al pluralismo y la diversidad. La previsible resistencia de una sociedad movilizada como la argentina llevaría al país a la ingobernabilidad y al caos”.

Pero cuidado, equivocar el análisis puede llevarnos a no interpretar lo que nos están queriendo decir los votantes, porque si se actúa desde un fanatismo tonto que todo lo justifica, reivindicando cuestiones carentes del siempre necesario consenso social, generará mayor distancia de aquello que la gente está reclamando y que parte crítica de la sociedad observa con mucha atención. Fundamentalmente a determinados privilegios que ciertas elites progresistas encarnadas por algunos pseudodirigentes no pueden justificar, máxime aquellos que en los últimos días son la vergüenza de quienes siempre aspiramos a que otra realidad sea posible, pero en función del pueblo y su bienestar general, no en términos de estricto beneficio personal. Esos pseudodirigentes son traidores a la causa del pueblo, merecen lo peor y que caiga sobre ellos todo el peso de la Ley.

 

Lo que viene por delante

La lucha por cambiar la realidad es una constante de la que no hay que claudicar, por más desesperanza que haya. Cuando las personas luchan por ideales, sirviendo a la comunidad con una entrega solidaria, ennoblecen con ello su accionar respecto de la defensa que se da en el combate de ideas por transformar la realidad para beneficio del conjunto. Por ello hay que reconocer que existe también una nueva generación de gente comprometida que busca hacerse cargo de lo que viene por delante. Con total honestidad espiritual, sanas intenciones, humildad intelectual y buenas ideas.

Ser militantes del amor y de la vida, comprometidos con el prójimo, implica tener exposición en todo momento y lugar. Significa decir presente en la justificación espiritual de esa existencia que da sentido pleno a la vida, anteponiendo los intereses del conjunto por sobre las ambiciones personales. Buscando superar con ello a la maldita mezquindad del utilitarismo material al que nos vemos supeditado diariamente por el contexto que suele imponerse de manera regular, debemos luchar por una causa noble no sea otra que la causa del pueblo.

No olvidemos que los actores principales son única y primordialmente la gente. El comportamiento de la ciudadanía que decide, se expresa cuando vota con toda la impronta de su bronca o esperanza. Actualmente la sociedad expresa un enorme malestar que se explica de alguna manera con la distancia hacia cierta dirigencia política o viceversa. La resultante de una conjugación entre la realidad y el humor social, pero mucho más por la influencia de la situación económica, por lo que hay un alto comportamiento emocional y emotivo en cada voto.

La mejor “herramienta” de transformación social positiva sigue siendo la política, guste o no en tiempos que perduran sostenidamente desde el “desencanto”. La política debe estar puesta al servicio de un verdadero interés común, el del pueblo y su felicidad, no como ha sucedido a menudo desde ciertas expresiones recientes que no han hecho más que decepcionar. Hay una ética relación entre fines y medios que debe tener como única medida de las cosas exclusivamente a las personas. Si no se hace de esta manera la perspectiva social queda solapada lisa y llanamente por la del mercantilismo político.

Entendamos a la política como “un combate de ideas, sin violencia”; rechazando con plena convicción el individualismo y el colectivismo por ser ambos opuestos a la realización equilibrada del sistema social. La política es ante todo una estrategia humanista,  destacando por sobre todas las cosas el ideal del bien común y la necesidad de construir una sociedad guiada por la justicia y la igualdad. Si bien hoy parece que existe una mayoría más proclive que nunca a realizar un salto al vacío el 22 de octubre en las urnas, estamos a tiempo de que eso no ocurra. Reflexionemos juntos, siempre hay una mejor opción al momento de elegir.

 

(*) Juan Martín Garay – Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019. Presidente de Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

La Rosca | Opiniones |

Por Juan Martín Garay (*)

En las PASO quedó demostrado que el voto ya se define de manera selectiva y que hay un alto comportamiento emocional en la manifestación electoral. Nacionalmente tenemos un escenario de triple empate con final abierto pero predecible. En las primarias se impuso un “influencer” economista que supo despertar más atención que el resto y capitalizó expectativas en una joven sociedad votante como así también en aquellas personas largamente defraudadas.

Las elecciones siempre resultan ser una buena oportunidad para reafirmar que los actores principales son (o deberían ser) única y primordialmente la gente. Hay quienes no lo entendieron nunca y por otra parte quienes no vieron venir a esta nueva “ola”, tal vez por el ego que nubla la vista de la perspectiva electoral cuando se está sólo en la “altura” y no en el “llano”. El subsuelo de la Patria siempre habla y a veces lo hace con todas sus fuerzas, por eso siempre debe haber “escritorio” pero también “territorio”, con un oído atento en lo que dice el pueblo. Larga enseñanza muchas veces olvidada.

 

Doble vuelta

Los errores se pagan caro y en votos. Hoy la disputa en segundo plano pone en igualdad de condiciones a las dos fuerzas que otrora fueran mayoritarias de manera alternada en el último tiempo, ahora con un nuevo participante, el de la bronca. En el medio, siempre la gente. Las ansiedades biológicas son más veloces que el tiempo político actual, los posicionamientos y aspiraciones en materia electoral ya cobran fuerza con toda su impronta. En octubre a boleta completa o con tijera en mano nuevamente quien hablará será la gente. El resultado dependerá otra vez del humor social, de la esperanza que se logre despertar o la canalización de la bronca que ya no se “masculla” sino que se pone en un sobre. Cuando la ciudadanía elige lo hace con todo el ímpetu de un enorme malestar que se explica con la distancia hacia la dirigencia política o viceversa. Máxime cuando el bolsillo y el estómago están en íntima relación conmovidos.

El escenario del balotaje aparece ahora como una posibilidad cierta en noviembre, aunque nadie tiene certeza de quien podría llegar a competir en esa instancia con el ya candidato “número puesto”. Lo cierto es que ambos espacios que defraudaron a un electorado fiel, se disputarán ahora la posibilidad de dar pelea en un mano a mano con el representante de la “libertad”.

 

El ascenso

Hace un tiempo José Natanson escribió para “Le Monde Diplomatique” sobre el ascenso de Milei, para él esto “tiene dos dimensiones. La primera es conocida: el candidato libertario refleja un rechazo rotundo al actual estado de cosas. Es una impugnación fuerte, un “hasta acá llegamos” que encontró en su lengua de furia la forma de expresarse. Con Juntos por el Cambio estabilizando el voto antiperonista, el PJ convertido en un “partido del orden” y hasta el Frente de Izquierda integrado al sistema político, jugando con soltura el juego parlamentario, Milei se ofrece como el más remoto de los outsiders, el que vive en la isla más distante. Un excéntrico en su acepción original: alejado del centro. Alguien que no se priva de apelar a la “resistencia”, por ejemplo llamando a la rebeldía fiscal o reivindicando el derecho a no escolarizar a los hijos, y que además lo hace encarnando en su figura la bronca social contenida: parafraseando a Pablo Stefanoni, podríamos decir que no sólo la rebeldía, también la pasión se volvió de derecha” (…) “Pero no es sólo este rechazo sordo lo que explica el crecimiento de Milei. Si el macrismo fue en esencia una coalición antiperonista, Milei es eso, pero es más que eso. ¿Hay un voto de esperanza? Digamos que hay una expectativa, sobre todo en los jóvenes, en los varones de clase media baja y en los cuentapropistas. Tras una década de empate político, de “hegemonía imposible” entre dos coaliciones que no logran ni derrotar a la otra ni acordar un programa común, Milei dice, claro y fuerte, que él sí puede, que las cosas que promete, por más delirantes que suenen, son factibles. Frente a la “impotencia de Estado” del Frente de Todos, Milei promete, por usar la expresión canónica, un ejercicio de voluntad. Su ascenso también es consecuencia del fracaso del gradualismo; Milei es un deseo de shock”.

 

La centralidad

La despeinada cabellera del “influencer” economista ya no está en discusión, ahora el ex columnista de TV mantiene la centralidad del proceso electoral en el tiempo por delante en este próximo tramo. Lo destacable es que la política sigue siendo la única “herramienta” de transformación social. El mecanismo de aplicación por parte de la “ciudadanía de a pie” son las elecciones, por eso importa saber dónde estarán los votos para no quedar al margen de lo que pensará la gente mañana. Porque para resolver el problema económico primero hay que resolver el problema político. Todo debería confluir en la resolución del problema social si con ello se defiende un verdadero interés común, el del pueblo y su felicidad. Yo te avisé.

 

(*) Juan Martín Garay Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019. Presidente de Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-