La Rosca | Opiniones |
Por Álvaro Gabás (*)
El viernes pasado, el Gobernador Frigerio, estuvo presente en el cónclave de Go-bernadores de Casa Rosada. El objetivo del encuentro, es reencauzar la póstuma Ley Ómnibus y como moneda de cambio, asistir financieramente a las Provincias. Asimismo, el Presidente Milei, avanza descarnadamente hacia un proceso liberal deshumanizado y despiadado, muy similar al otrora “Consenso de Washington”, hoy llamado “Pacto de Mayo”. Vale aclarar, que también fue tema de debate entre los dirigentes provinciales y nacionales, bajo un manto de presiones y concesiones, este posible acuerdo de Mayo. Frigerio, fue uno de los representantes y vocero del encuentro. Va de suyo recordar que, nuestro Gobernador, fue el primero en dar su apoyo político, institucional y moral, ante el anuncio de dicho pacto, en la pasada Apertura de la Asamblea Legislativa Nacional.
Este acuerdo, que se parece más a una imposición, repite políticas socio-económicas -Consenso de Washington- que ya dejó su marca perniciosa en la historia Argentina. De modo enunciativo, se puede poner en relieve, la destrucción de la industria nacional, la desintegración del tejido social, la fragilidad en los vínculos laborales, el deterioro en los niveles educativos, el detrimento en el valor agregado nacional, el desmantelamiento de las pymes y empresas naciones, la caída de la producción en las economías regionales, el aumento del desempleo, pobreza e indigencia. Frigerio, como funcionario, fue parte de ese modelo liberal que llevó a cabo el ex presidente Menem. Evidentemente, existe una sintonía política e ideológica con el modelo que lleva adelante Milei. “La historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa”, esta frase de Hegel, parece una pincelada de realismo casi dos siglos después.
El Gobernador Frigerio, debería hacer pesar la génesis e idiosincrasia de nuestra provincia. El legado de Urquiza es la piedra fundacional de la identidad e institucionalidad nacional. Sería auspicioso que, en vez de apoyar este pacto, reconfigure y reivindique el “Pronunciamiento de Justo José de Urquiza”. Que, entre sus premisas, el Federalismo es un mandato constitutivo inquebrantable. Que, las provincias que conforman la nación no pierden su autonomía, y en ese caso, delegan facultades para constituirla. Que, el sistema de coparticipación federal, no solo es un precepto de la estructura constitucional e histórica, sino que, además, permite sopesar el poder soberano y evitar cualquier tipo de coacción nacional. Renunciar a nuestras raíces, es renunciar a nuestra identidad. El gobernador Frigerio, debería deliberar por mayores recursos coparticipables, mayor autonomía, mayor federalismo y mayor respeto hacia las provincias. Quedar subyugados, al centralismo nacional, al despotismo y humillación del presidente, con seguridad se puede decir, que no era el espíritu de libertad y confederación del máximo supremo entrerriano.

(*) Álvaro Gabás – Economista. Titular de CEDMA (Centro de Estudio de Desarrollo Macroeconómico). Docente universitario. Exsecretario de Agricultura de Entre Ríos y exconsultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
La Rosca | Críticas a Milei |
En un texto enviado a La Rosca, el exintendente justicialista expresó: “Queridos entrerrianos y entrerrianas, como ciudadano de “La Histórica” Concepción del Uruguay me veo en la obligación de advertir que, desde mi humilde mirada personal, veo necesario remarcar que los aspectos que se buscan evocar y hacer referencia para justificar las recientes medidas del gobierno nacional asumido el último 10 de diciembre, van en el sentido opuesto a los principios que guiaron a nuestros próceres durante el proceso de Organización Nacional.
En el año 2022, la Legislatura de la provincia de Entre Ríos, declaró a Concepción del Uruguay como “Ciudad Cuna de la Organización Nacional” mediante ley N° 10.971. A su vez, presentamos un proyecto en el Congreso de la Nación con la misma intención. Los y las uruguayenses somos portadores del legado de los principios de Urquiza, quien a su vez es legatario de Artigas y de Ramírez. Escuderos de los valores de la Constitución de 1853, aquella que fuera gestada y defendida en nuestras tierras. Somos herederos de los miles de hombres y mujeres de todo el litoral que dieron su vida en Caseros y de los vecinos que lucharon en nuestra ciudad aquel 21 de noviembre para defender el Congreso Constituyente de Santa Fe. Somos parte de una historia ligada al imperio de la ley, las instituciones y la libertad.
Hoy, ante los hechos de público conocimiento es momento de ser claros. El Presidente de la Nación y su equipo suelen usar el nombre del insigne Juan Bautista Alberdi para, supuestamente, inspirar su accionar. Por eso es bueno el momento para recordar lo que decía Alberdi. Porque no podemos permitir que aquellos valores y premisas que guiaron a nuestros próceres como Urquiza, Ramírez y el mismo Alberdi —que le dedicó, nada menos, su libro “Bases” al General entrerriano— sean transgredidos incumpliendo la voluntad de nuestra ley suprema: la Constitución Nacional, aquella que nos rige como argentinos y argentinas hace más de 170 años. El diálogo, los consensos y la armonía son los valores que deben guiarnos para construir una Argentina mejor. No es la imposición ni la falta de respeto el camino.
Quiero enfatizar en esta idea, que no es mía, que es de autoría de aquel gran tucumano que contribuyó al rumbo luminoso de la organización nacional. Por eso me permito citar un párrafo del gran Alberdi, para corroborar cómo un mal que creemos nuevo, está en realidad en la raíz de nuestra propia historia: el mal de quienes abusan de las palabras sin consistencia con su misma conducta. Dice Alberdi, en su madurez, reflexionando sobre lo que vio y vivió:
“El liberalismo como hábito de respetar el disentimiento de los otros es algo que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente es enemigo; la disidencia de opinión es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y la muerte (…) No es liberal el que no sabe respetar a su contradictor, su refutador, su disidente. La libertad, en su sentido más práctico, es la contradicción, la refutación, el disentimiento, el veto de cada ciudadano, opuesto a los actos del poder, no el veto del poder puesto la sanción de la opinión, que es la ley de las leyes, la luz de la Constitución”.[ J. B. Alberdi, Escritos póstumos. Ensayos sobre la sociedad, los hombres y las cosas de Sudamérica. Tomo X. Imp. Cruz Hermanos, Buenos Aires, 1899. Páginas 155 a 157]
El disidente como enemigo, la disidencia como guerra. La libertad, como palabra hueca. No podemos aceptarlo. No es admisible que un siglo y medio después de que Alberdi escribiera estas palabras, quien encabeza el Poder Ejecutivo nacional siga pensando y actuando de ese modo. Imponer, presionar, abrogar las leyes por decreto, no son en absoluto el camino que Alberdi y Urquiza pregonaron.
Las necesidades y urgencias existen, sobre todo en los más desventajados de nuestras comunidades, y sobre todo en quienes más sufren, pero para afrontarlas necesitamos tres elementos que brillan por su ausencia en el DNU y en la llamada Ley Ómnibus: primero, compromiso con nuestras leyes máximas; segundo, confianza en el diálogo social y político como herramienta de la democracia; y tercero, una firme convicción para cumplir con los mecanismos institucionales que corresponden.
Solo así vamos a avanzar en la construcción de una Nación más equitativa, libre y con bienestar para todos y todas”.