La Rosca | Análisis |
El PJ entrerriano debía definir este fin de semana quienes encabezarían las listas para la renovación de autoridades partidarias el 10 de marzo. Había nombres dando vueltas, pero la corporación peronista impuso la unidad. Es cierto que no despertaba gran interés hacerse cargo del partido en un contexto post derrota. Tan cierto como que el peronismo debe atravesar indefectiblemente un proceso de autocrítica y renovación generacional para encarar la nueva etapa política que demanda una sociedad alejada de los 70s, en la era de la inteligencia artificial y la comunicación mediante redes sociales.
Hicieron todo lo contrario.
Designaron a José Cáceres para presidir el PJ de Entre Ríos. Un hombre que representa el pasado, que presidió el Senado provincial en pleno funcionamiento de un mecanismo de recaudación para la política que originó el inicio de una de las causas de corrupción más graves de la provincia, como es el caso de los contratos truchos en la Legislatura, que fue apuntado por utilizar bienes públicos en beneficio personal mientras utilizaba vehículos oficiales para seguir a su equipo -Atlético Paraná- y en campañas políticas, que es cuestionado por vivir de cargos públicos desde el regreso de la democracia y de utilizar sus vínculos políticos para integrar la planta permanente del Estado-, entre otras cuestiones.
Cáceres ha ocupado cuanto cargo le ofrecieron (en algunos casos por el voto popular, aunque siempre en listas sábanas o bajo el protagonismo de otra figura): Secretario del Concejo Deliberante de Paraná, Concejal, Director de Atención Comunitaria del Ministerio de Salud y Acción Social, Vicepresidente de la Caja de Jubilaciones de la Provincia, Delegado Regional de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), Diputado provincial, Presidente del Instituto Autárquico Provincial de la Vivienda (IAPV), Diputado provincial, Ministro de Desarrollo Social (gestión Urribarri), Vicegobernador de Sergio Urribarri, Diputado provincial hasta el año pasado. Ahora, es Parlamentario del Mercosur hasta el 2027.
Es claro que representa todo lo contrario a lo que la sociedad actual demanda de la política.
Al mismo tiempo, el peronismo atraviesa una crisis existencial; desde hace años a decir verdad. Aunque el calor del poder disimulaba las flaquezas, hoy quedaron expuestas. No hay repuestas a la altura de las circunstancias y su propuesta mira por el espejo retrovisor.
A pedir de boca de la actual gestión del gobierno provincial de Juntos, el PJ entrerriano perdió la posibilidad de encabezar el partido con una persona que mire el futuro, con ideas innovadoras y la mirada puesta en los desafíos de una sociedad que le reclama al peronismo mucho más que un relato setentista y el básico asistencialismo.
Sin embargo, el mensaje oficial del partido expresó que “en esta nueva etapa como opositores seguirán fieles a nuestro Movimiento y al legado de Perón y Evita”.
La unidad tiene olor a naftalina, atrasa, y tiene poca autoridad para cuestionar los errores que ya asoman de las gestiones de Juntos y Libertarios.