LA ROSCA | Dato mata relato |
El relato de la “reactivación” empieza a chocar con los números de la economía real. Desde la asunción de Javier Milei, cerraron 22.608 empresas en el país, una caída del 4,4% que ya se equipara, en magnitud, al golpe que significó la pandemia. El dato no es menor: se trata del peor arranque para un gobierno en más de dos décadas.
El informe de Fundar pone en evidencia un proceso que no se detiene. Solo en diciembre de 2025 bajaron sus persianas 670 firmas, en lo que fue la décimo quinta caída mensual consecutiva. El año cerró con 10.392 empresas menos y una seguidilla de 22 meses de retroceso interanual, configurando un escenario de deterioro persistente y sin señales claras de reversión.
Lejos de ser un fenómeno coyuntural, la contracción se da sobre una estructura productiva que ya venía golpeada. Tras el rebote parcial posterior al COVID-19, el número total de empresas volvió a retroceder hasta ubicarse en torno a las 490.000, muy por debajo de los más de 530.000 registros que supo tener la Argentina en su etapa de mayor expansión. La comparación con la pandemia, en este contexto, deja de ser un recurso retórico y pasa a ser un dato concreto.
El contraste político también es elocuente. A los 24 meses de gestión, el indicador de cantidad de empresas durante el gobierno de Milei se ubica en 95,7 puntos, por debajo de los registros de Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández en el mismo tramo de sus mandatos. Es decir, incluso en contextos de crisis, el nivel de destrucción de unidades productivas no había sido tan pronunciado en el inicio de una gestión.
El impacto sectorial muestra que la caída no distingue rubros. Transporte y almacenamiento, inmobiliarias e industria manufacturera lideran las bajas, pero el dato más preocupante es otro: 13 de los 19 sectores económicos están en retroceso interanual y 14 acumulan caídas desde el cambio de gobierno. Solo algunas actividades vinculadas al Estado o a enclaves específicos como la minería logran escapar a la tendencia.
En el plano territorial, el cuadro es igual de crítico. 22 de las 24 provincias registran caídas interanuales y en 23 la situación empeoró desde la llegada de Milei al poder. Casos como La Rioja, Tierra del Fuego y Santa Cruz encabezan el ranking negativo, pero el fenómeno también golpea de lleno a los grandes motores económicos como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que no logran revertir la inercia.
El trasfondo del problema es político y económico: un modelo que ajusta sobre el consumo, retrae la demanda y enfría la actividad termina impactando directamente en la supervivencia de las empresas. Mientras el Gobierno sostiene su programa de reformas, los datos empiezan a plantear una pregunta incómoda: cuánto tejido productivo puede perder la Argentina antes de que la recuperación deje de ser una promesa.







